El amor esponsal femenino

Se  habla mucho del amor que el esposo le debe a su esposa, un amor a ejemplo del que Cristo tiene por su Iglesia, que se entrega a ella,  pero escuchamos muy poco del amor que la esposa debe hacia su esposo, amor que igualmente está llamado a ser a ejemplo del amor que la iglesia tiene por Cristo.

Nos podríamos preguntar: ¿Y Cómo debe ser ese amor?

Continuando con esta misma analogía e incluyendo a la Virgen María, figura y modelo de toda feminidad, podría definir tres dimensiones del amor esponsal al que toda mujer está llamada:

Le Mariage de la Vierge

La primera dimensión de este amor es la receptividad; lo propio de lo femenino es la recepción de lo masculino, la receptividad es la simplicidad de una actitud de apertura, esta actitud profunda de recibir el amor debe ser ante todo, dócil; la mujer que se hace a sí misma incapaz de recibir corta la dinámica de la entrega.

La iglesia que recibe la entrega de amor de Cristo en toda su persona humana y divina, al mismo tiempo se está entregando a Él; el más grande ejemplo de receptividad lo tenemos en la Inmaculada, la Virgen María, que con su Fiat da su sí al amor que se le manifiesta por el Creador, de esta forma, se entrega ella misma a los designios divinos de su maternidad y su amor esponsal con José.

La segunda dimensión del amor es el acoger, cuando el esposo da su amor que es entrega total, sacrificada de sí y protectora hacia su mujer, ella no solo debe tener una disposición de recibirle, sino sobre todo, de acogerle; acoger esta entrega es el hacer propio aquello que se nos ha sido dado y es diferente a lo que se tiene, es interiorizarlo y vivificarlo.

En esta dimensión de acogida, podemos mirar nuevamente la figura de la Virgen María, que hace suyo el plan divino de Dios sobre ella, lo acoge y le da vida, de esta misma forma, en la unión divina, es capaz de vivir e interiorizar el amor de José en su vida de la forma más femenina y plena.

La tercera dimensión es la entrega, la mujer cuando ama se entrega y se entrega cuando recibe y acoge el amor de su esposo, solo de esta forma es capaz de servir, lo propio y el fruto de la entrega es el servicio generoso, amoroso, sereno y desinteresado hacia su esposo.

El servicio en la Virgen, lo vemos reflejado siempre en su disponibilidad a Dios y a los demás, sobre todo, a su esposo José, con quien fielmente cumplía los planes de Dios para los dos.

La mujer esposa entonces, está llamada a recibir de su esposo, la vida que él le entrega, a acogerla y desarrollarla en su interior, a vincularse estrechamente a esa vida que es todo el ser de su esposo y hacer propio lo que él con su entrega le da, están entonces llamados a ser siempre una sola carne y un solo espíritu.

 

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